Un reloj de pared es sólo un hombre

que vive las horas que le restan

con precisión absurdamente suiza.

Y aunque el alma no sabe de retrasos

intuye que hay minutos en el aire

que pueden durar días y hasta siglos.

En la cárcel puntual en la que habito

las agujas intentan, criminales,

atravesar el corazón del cuco.